FUTBOL LLANERO ECATEPEC

“Pelé” y “El Chapo” comparten cancha. Son del mismo equipo, pisan la misma tierra y la fiebre mundialista los inspira por igual. Ambos son artífices del triunfo, dominan la pelota, la driblan, burlan al adversario y se escapan hacia los tres postes. 

Los espectadores disfrutan atrás de una reja, algunos aficionados montan y desmontan sillas o banquitos de plástico para alentar al equipo del barrio. 

En Ecatepec, como en cualquier parte del mundo, siempre hay buen tiempo para jugar al fútbol. En el futbol llanero los jugadores se sienten libres, corren sin respetar rotaciones, pelean batallas a muerte mientras la polvareda se levanta como la ola en las tribunas. 

Las estrellas del barrio son conocidas y respetadas y la edad límite para practicar el balompié es un tabú.

En el municipio quedan pocas canchas de tierra, la mayoría ahora forma parte de un programa de rehabilitación de espacios públicos: les colocaron enrejado nuevo, iluminación y empastado. 

Cambiaron su imagen pero también la convivencia cotidiana, pues se tiene que acceder en horarios específicos y cumplir un reglamento.  La libertad de enlodarse las medias a mitad de la madrugada está quedando atrás.

La Liga 13 de septiembre Río de Luz alberga 60 equipos provenientes de colonias aledañas y cada jugador acude los fines de semana con la misma religiosidad que las abuelas a la misa de 7.

Los partidos del llanero de Ecatepec duran 30 minutos y son bienvenidos todos aquellos que dominen (o no) el arte de gambetear. Algunos equipos están conformados por amigos de la infancia, compañeros de trabajo o vecinos. Otros están hechos de familias completas: hijos, tíos, primos y nietos de los iniciadores suelen formar una escuadra. 

Sábados y domingos se juegan partidos uno tras otro desde las ocho de la mañana y hasta la media noche. Los juegos nunca inician a tiempo pues regularmente no se completan los seis jugadores a la hora indicada. 

CUANDO EL CRUZ AZUL FUE CAMPEÓN 

En 2008 el baldío de Ecatepec fue testigo de un campeonato del Cruz Azul…

Toluca y la Máquina protagonizaron una de las finales más sui géneris de la liga. Los Diablos arrasaron con todos sus rivales a lo largo del torneo, aplicaban goleadas, eran los favoritos para llevarse el triunfo sin sorpresas.

Aquella tarde, Toluca llevaba tres tantos de ventaja al finalizar el primer tiempo. Ambos equipos tenían un expulsado y quedaban cinco elementos de cada lado.  A los pocos minutos de iniciado el segundo tiempo el marcador ya asomaba un rotundo 6-0, sentían el trofeo en las manos, pero una jugada de riesgo cambió el destino.

Una falta cometida por un diablo lo llevó a la expulsión: quedaban cuatro jugadores, uno menos de los que estipula el reglamento. En 2008, al menos en Ecatepec, la cruzazuleada se tiñó de rojo y por default el equipo celeste se coronó campeón.

PASIÓN POR EL FÚTBOL

La magia y las historias que se escriben en el fútbol llanero son muchas, la pasión se desborda entorno a un partido: los gritos entre jugadores son alientos de guerra, las familias y amigos observan con cautela cada jugada como los árbitros del VAR. Ahogan los gritos de gol en cada intento fallido. 

Los uniformes son confeccionados o diseñados por cada uno de los clubes, no importa el color, si el short es corto o largo, si la playera es con mangas o sin ellas. Basta con que al momento de jugar haya diferencias entre los equipos y si no las hay, igual siempre se puede echar un volado y voltear la camisa para jugar con otro tono.

Los nombres  de las escuadras recogen los mismos que se conocen en el fútbol nacional e internacional a excepción de «Los Chakaritas».

Al finalizar cada partido, la gloria o el pesar se saborea con una caguama. Sentados en el piso empinan cada uno una botella de cristal, otros reparten el premio en vasos de plástico. Refrescan su garganta, hidratan los cuerpos cansados más no forzosamente atléticos y sucumben ante una comilona frita para celebrar.

Además de las estrellas del gol, los muros en la defensa y los carrileros incansables está el árbitro como una figura que alguna vez jugó pero ahora prefiere ser verdugo y hacer oídos sordos a las agresiones verbales. El entrenador que a veces  la hace de portero para completar el equipo y lo obliga a dirigir debajo del travesaño o el jugador que a manera de rito acaricia la tierra y se santigua al entrar de cambio.

Todos ellos son vecinos, tienen una convivencia común en sus colonias y su rivalidad solo ocurre en la cancha. Saben que los lunes, después del encontronazo futbolero, se encontrarán mientras dejen a sus hijos en la escuela, afuera de la lechería, durante las clases o en la oficina. Así es el fútbol llanero. 

Moisés Rosas
sonero_ms@hotmail.com

Un comentario en «La añoranza del futbol llanero en Ecatepec»

  1. Excelente artículo. Me encantó. ¿Podrían hacer uno sobre los noventa años de historia del futbol profesional en Ecatepec? Incluiría a las diferentes franquicias que han existido: Morelos Ecatepec, Ecatepec de Morelos, Club Deportivo Ecatepec, Rambox Ecatepec y la más reciente, Ecatepec Fútbol Club.

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